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ana c. buena y los procesos primordiales

Miluska Benavides


La última entrega de Valeria Román Marroquín, ana c. buena (La Balanza, 2021), nos invita a pensar el ejercicio de lo humano en su condición material y en su dimensión primordial, en el sentido de cómo el cuerpo humano gestiona su supervivencia, opera para trabajar y trabaja para sobrevivir. En esa ecuación de lo primordial, la labor de las mujeres ha sido y es el engranaje que sostiene una «totalidad social». ana c. buena retoma la pregunta de Vallejo sobre la pertinencia de la poesía cuando alguien pasa «con un pan al hombro». A dos años de iniciada la pandemia, no podemos interpretar esta pregunta sino como una interpelación directa, ante la cual escribir solo puede justificarse en cuanto ejecutoria de lo que Vallejo denomina lo «sólido y viviente del contenido social»: ‘sólido’ en cuanto material, y ‘viviente’ porque asegura la continuidad de lo humano. En ana c. buena, el ‘contenido social’ excede las etiquetas que han reducido la relación entre poesía y política a la afirmación o cancelación del vínculo entre ambas. En el espacio textual de la poesía, ana c. buena suspende las certezas de la doctrina desde las dimensiones primordiales de la vida humana: el tejido social y la dimensión material.


Cada sección inquiere en los procedimientos racionales que articulan y ejecutan una totalidad social. En la primera sección, los «cuatro apuntes metodológicos» ofrecen una plataforma que pone a prueba la coherencia y solidez de las doctrinas. La capacidad paródica de la poesía revela los delicados cimientos de la teoría: «aburrida de la tradición, / propongo una teoría capaz / de cubrir hasta el mínimo pliegue de la totalidad social» (p. 13). Sin embargo, frente a «los hechos materiales de la realidad», toda teoría se revela agotada. La doctrina de la totalidad social oculta los cuerpos que sostienen o hacen posible (la alimentación de) las masas. El cuerpo de quien cocina, en cuanto sujeto colectivo, prolifera en relación a su trabajo y a los cuerpos que debe alimentar: «ana, piensa en la labor que te sujeta: / moler ajíes, / picar cebollas, / resolver el estómago que mengua / —los estómagos de otros—» (p. 7). Los cuerpos, olvidados en una metodología de orden platónico, dan de comer, se alimentan para sobrevivir, y deben, además, producir el alimento: «las horas que pasa un solo vegetal cultivándose / las manos que lo arrancan de la tierra / la dureza del salario del jornal» (p. 11). En ana c. buena, las preguntas desbaratan el modelo de la doctrina y revelan la necesidad de la búsqueda de modelos propios. En el poema ‘actos de amor’, la ambivalente función de dar de comer se encuentra entre el trabajo y la comunión, entre la «doméstica doctrina» y el imperativo de «la calidez del corazón» que consume el cuerpo.


La segunda sección indaga en las posibilidades textuales del panfleto: captura su tono y devuelve el dominio de la urgencia a la poesía. Como contra la condena de ‘histérica’ a la escritura hecha por mujeres, ana c. buena resiste la reducción de la escritura de izquierda a ‘panfleto’. Desde el campo semántico de la literatura proletaria (hambre, despojo, jornada, salario, paciencia), los cuatro poemas de esta sección inquieren en las motivaciones para invisibilizar las necesidades materiales —como dar de comer, en la primera sección, o tener hambre, en la segunda—: «¿es este un movimiento visible? /¿es este un movimiento posible de nombrar?» (p. 27). Qué debe ser visible para la historia o qué es pertinente como materia de escritura son asuntos que se entienden encontrándose no en el régimen de la ‘doctrina’ o la especulación filosófica, sino en el del ‘rigor’ de la experiencia fuera de la ‘totalidad social’.


La tercera sección se enuncia desde los procedimientos claves del pensamiento occidental: pensar, ser y estar. En esta sección, ana se busca en la ciudad, que es proyección de un espacio de encierro y de enajenación. Esta secuencia dramatiza las inquisiciones del sujeto inserto y producido por estas preguntas. No se concentra en la intimidad y cercanía que nos prometen los productos de entretenimiento; el repliegue de ana implica saberse experimentar en un mundo ajeno: «de ser histórica eres diminutiva, ana / histérica / y es que no hay lugar en esta fiesta» (p. 39). El imperativo de pensar, ser y estar parecen definir una existencia para un mundo donde esas preguntas tienen sentido, pero ¿qué sucede cuando el mundo ha perdido ya todo sentido? La sentencia final de ana, «¿no lo ves a tu alrededor», revela que la falla es material y visible, y constituye, considero, una salida a la enajenación. El último verso invita a pensar en hacia dónde se debe mirar hoy, y devuelve a la reflexión inicial sobre el asunto de la escritura cuando vemos, como Vallejo, a alguien que pasa con un pan al hombro.


ana c. buena conversa con una tradición de la poesía peruana que atiende a la dimensión comunitaria y se sirve de dos gestos: la urgencia y la ironía. No es por ello casual que el libro de Román emprenda, con ironía, la ‘búsqueda’ de razones, como en Cinco razones puras para comprometerse (con la huelga) (1978) de Cesáreo Martínez. Tampoco extraña reconocer un parentesco con la desconfianza en la doctrina de Zona Dark (1991) de Montserrat Álvarez. Sin embargo, ana c. buena no se reduce a ampliar o reproducir poéticas, sino que ofrece otro momento: el de la producción de significantes que revelan lo invisible del espectro social. Este procedimiento es posible desde los insumos e imaginación a partir de la experiencia de una mujer como ana. Me sirven las reflexiones de Patricia de Souza en Decolonizar el lenguaje (2016), para pensar ana c. buena como una aspiración a ser parte entera, es decir, a no depender de los significantes ajenos (doctrina, filosofía) que invisibilizan y disciplinan todo aquello hecho in-significante, aquello que no tiene existencia visible en la historia. En este espacio no solo se encuentran las mujeres, sino todo aquello que no corresponda al proyecto de sujeto de un mundo homogéneo, universal, concebido en los términos del proyecto ilustrado. Por ello, leer en las claves del libro significa despojarse de toda relación de dependencia: implica desandar el andamiaje de la estructura social que el libro prueba agotado. Toda lectura que reduzca ana c. buena a un solo movimiento estético, a una escritura solo ‘contra’ algo, o solo de ‘protesta’, pierde de vista su afirmación —producción— en el dominio de lo político y lo histórico; en suma, el señalamiento de lo in-significante que se revela significante en la poesía.


Hacia el dominio de lo político apuntan Teresa Cabrera y Belén Gómez de la Torre. Sus lecturas muestran que la dimensión política del libro se encuentra en revelar los espacios de producción. Para Cabrera, el espacio textual que gesta ana c. buena sale de la esfera del intercambio para ubicarse en la esfera de la producción, donde se revelan los mecanismos en que opera el capital para sostener su reproducción social. Ubicarse en ese espacio y traerlo a la esfera pública construye ese espacio de liberación. En una línea afín, para Gómez de la Torre, los mecanismos de lo doméstico y lo invisible operan como cimientos de las estructuras sociales, políticas y económicas, en que el espacio de lo doméstico compone lo público. Ambas lecturas exponen, cada una desde sus énfasis, que existe un espacio que el libro muestra, produce, reproduce, genera; un espacio al cual se le ha negado su condición decisiva para la esfera pública. Estas reflexiones sobre ana c. buena plantean nuevos caminos para modelos críticos que atienden a la especificidad de las escrituras emergentes, procedentes de lugares de enunciación inéditos en la literatura peruana. Finalmente, esta selección de ana c. buena muestra la ruta presente de la poesía de Valeria Román Marroquín, parte también de un momento saludable, prolífico y de excelencia en la poesía peruana escrita por mujeres.




 

[*] Miluska Benavides (Lima, 1986). Ha publicado el libro de relatos La caza espiritual (2015), el estudio Naturaleza de la prosa de José María Eguren (2017) y la traducción de Una temporada en el infierno de Arthur Rimbaud (2012). Es doctora en literatura latinoamericana por la Universidad de Colorado Boulder.



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