Sobre la irreflexividad en intervenciones políticas en el espacio público

Rafael Mayu Nolte


Sobre la irreflexividad en intervenciones políticas en el espacio público

La galerista es fujimorista. Una pinta apareció la mañana del jueves 4 de agosto en el piso bajo la vitrina de Wu Galería, espacio de venta y exposición de arte contemporáneo en Barranco. Difundida en la página de Facebook XD no oficial, fuera ya del contexto de las elecciones recientes, la pinta probablemente tiene su origen en un hecho particular: En la campaña presidencial del año 2011 circuló por diferentes medios el extracto de un correo electrónico en el cual múltiples personas, incluyendo a varias ligadas al arte contemporáneo en Lima se veían involucradas en una nefasta operación. En el correo se buscaba captación de donaciones para apoyar las prácticas clientelistas del fujimorismo en su campaña contra Ollanta Humala (conducta legal en ese momento, pero definitivamente condenable). En el mensaje se menciona a la galerista Frances Wu y se nombra a la galería mencionada como punto de acopio de las donaciones conseguidas.


Foto de la intervención (Página de X D no oficial en Facebook)


Hay algo que no se menciona y se entendió de forma implícita: Fujimorista se asume por la mayoría de los comentadores en las redes como un insulto o como algo vergonzoso. Esa connotación agregada es algo enfatizado en el medio artístico en general, el cual suele estar asociado a posiciones políticas progresistas y liberales (aunque uno se sorprendería de que tan falsa puede ser esa percepción). El fujimorismo más rancio y más fundamentalista no solo representa el conservadurismo más acérrimo sino también la reivindicación del autoritarismo, el terrorismo de estado y la corrupción como prácticas legítimas de gobierno.

Sin embargo, el fujimorismo es diferente al fujimorista. Las personas fujimoristas no son automáticamente defensoras de esas ideas. Una serie de cuestiones entran en juego que matizan las elecciones políticas y su relación con las convicciones personales. Cuestiones que no se juegan solo en el plano pragmático o lógico, como suelen proponer algunos politólogos,[1] sino que entremezclan con ciertas pasiones, miedos, odios y formas de educación, solo por mencionar algunos elementos. Y, en cierta medida, esta confluencia de elementos es la que termina configurando las ideas políticas de cualquier persona, sea de izquierda, de derecha o de cualquier partido político. Dicho esto, el correo antes mencionado deja muy en claro que, fujimoristas o no, los implicados en el correo participaban de una operación nefasta y aborrecible. Y este cuestionamiento no debe relativizar el juicio que se puede hacer sobre acciones así sino complejizarlo.


¿Cuál es realmente el objetivo de esta acción? Resulta poco creíble que sea solo la constatación de que la galerista en cuestión, Frances Wu, sea fujimorista, aunque los autores, anónimos hasta ahora, puedan excusarse así. Tampoco resulta muy factible decir que la acción buscaba la generación de un debate posterior sobre su validez, aunque este haya surgido. Es más probable que sea un intento consciente de recordar las filiaciones de la galerista y el desprestigio de Wu en la escena artística. Sin embargo, esta intervención, lejos del suceso en el 2011, de las elecciones recientes y la polarización acompañante, y sin formar parte de una serie de acciones o contar con al menos algún tipo de mecanismo de reflexión mayor, parece más cercana a de cuestión personal. Y el problema es ese precisamente: Sin más contexto, queda como solo un escrache injustificado y sobre todo improductivo. Improductivo porque como operación, no está generando ningún tipo de cuestionamiento, no está revelando nada nuevo ni señalando algo que sea desconocido. Si era un intento de denuncia de los nexos de sectores del arte con el fujimorismo, por ejemplo, no hace falta más que difundir el mismo correo por el cual se indigna (con justa razón) la gente. Nombres ligados al medio artístico abundan.


Lo que terminó sucediendo es que rápidamente se celebró la acción en redes sociales, sobre todo de parte de personas del medio artístico e incluso de algunos que han participado activa y recientemente de actividades con Wu Galería. Otros, que están ligadas a personas e instituciones con prácticas igual o más cuestionables, también se unieron al festejo. No intento aquí reclamar ni proclamar alguna pureza política porque en la sociedad peruana se debe negociar con los espacios en los que se participa constantemente. Pero es lamentable ver cierta hipocresía acrítica. Y la acción falla en este sentido ya que genera una reacción generalizada de autocongratulación. Y esa es una reacción bastante peligrosa para una acción artística política.


Más lamentable es constatar que hasta cierto punto, se celebra cualquier suceso contra el opositor político sin pensar en las características de las intervenciones en cuestión. Más aún cuando los argumentos pasan por minimizar las acciones para defenderlas (la acción ha sido en distintos lugares denominada como “solo un escrache” para justificarla), eliminando de plano su potencial crítico junto con la posibilidad de criticarlas. O cuando se opta por integrarlas dentro de una narrativa épica de autodefensa contra el poder hegemónico. Si estas son las armas contra la hegemonía, estamos en problemas. Y, aunque es un caso extremo, esta mirada acrítica sobre intervenciones que pertenezcan a cierto espectro político, por parte de sus ejecutores y un sector afín, es una ocurrencia común.


Otra página que ha estado en actividad relativamente constante y que se enfoca en acciones en el espacio público es Rastro. Aunque encuentro problemas en varias de sus intervenciones, me gustaría enfocarme en Todo gobierno es genocida. Fue realizada en las escaleras del Poder Judicial en donde una docena de personas se envolvieron en bolsas negras y se tiraron en los escalones, bajo un cartel con el nombre de la acción. No se menciona ni se ve en el registro pero al parecer se repartieron volantes con información de los crímenes de los gobiernos en cuestión. Las fotos muestran el momento inicial y la llegada de policías para remover a las personas, en todo momento ocultando la identidad de los participantes. En la descripción de las fotos se lee el siguiente texto:


"Todo Gobierno es Genocida es una intervención/acción colectiva que denuncia los delitos contra la humanidad perpetuados por distintos gobiernos en los últimos 30 años.

Consideramos que es urgente ejercitar nuestra memoria para hacer justicia, por ello hacemos esta denuncia pública & visi(vi)lizamos los rostros de los responsables políticos de todos estos crímenes contra la humanidad. Consideramos que es necesario hoy atacar el letargo, la neutralidad & la pasividad con la que asumimos los cambios de gobierno & los crímenes cometidos por estos. Porque todos estos atropellos sistemáticos a nuestros derechos en los últimos 30 años responden al continuismo de un mismo modelo político-económico que es financiado por los grandes grupos de poder nacionales & las multimillonarias corporaciones internacionales". [2]


Me parece importante hablar de esta acción porque está ideada para funcionar en un nivel de difusión mayor a otras de Rastro y es la que ha tenido mayor repercusión en ciertas esferas. Las fotografías de la intervención han sido compartidas 134 veces en Facebook y publicadas por el portal Útero.pe.


Todo gobierno es genocida (Página de Rastro en Facebook)


Aunque no quiero subestimar cierta potencia de la imagen generada, creo que hay problemas con todos los objetivos que intenta lograr y esto se deriva de cómo fue planteada. Para empezar, es necesario cuestionar qué tan efectiva es esta acción como denuncia pública, teniendo en cuenta que su denuncia es finalmente una generalización. Lo que unifica esta denuncia son dos cosas: La idea del que los gobiernos son necesariamente genocidas y que esto se puede atribuir al modelo económico político neoliberal. ¿Para qué es útil esta generalización? Si se trata de esclarecer razones, la acción no ofrece pistas salvo la breve mención al modelo, ignorando cómo es que este ha variado en 30 años. Si se trata de otorgar responsabilidad, la acción falla porque relativiza los contextos y condiciones específicas de cada situación violenta, más allá de una relación con cierto continuismo económico-político y desaparece a los culpables individuales. El culpable es, supuestamente, el gobierno o el modelo, entidades abstractas que, finalmente, están compuestas por una parte de la sociedad o al menos por individuos. La interpelación de las razones del modelo, de los individuos que han sido parte del gobierno o cualquier otro intento de operar de una manera más compleja quedan de lado.


¿De qué manera se ataca el letargo, la neutralidad y la pasividad con esta acción? Más allá de la validez de la denuncia, ¿qué de la acción contribuye a discutir estas ideas? Porque como está planteada, es bastante difícil pensar que las reacciones vayan más allá de la adhesión o el rechazo de las personas que la observen. ¿Cómo esta denuncia se vuelve algo tangible y de alguna manera valioso para algún sector de la sociedad que no esté previamente de acuerdo con ella? Queda ausente algún tipo de operación pedagógica (y la supuesta entrega de volantes con información claramente no es un remedio a esto).


Sobre el activismo artístico en América Latina en los ochentas, Marcelo Expósito, Jaime Vindel y Ana Vidal escriben “El activismo artístico, en definitiva, suele tematizar “la política”. Pero lo verdaderamente relevante es cómo contribuye a “producir” política: cómo constituye lo político en acto.”[3] Lo que pareciera reunir las acciones mencionadas anteriormente es una falta de conciencia de cómo lograr los objetivos que se plantean, si es que siquiera se pensaron en estos términos. Es decir, justamente una dimensión de lo político que vaya más allá de la temática. No existe un intento real de intercambio o interpelación con la sociedad. Y no se trata de abogar por intervenciones que sean completamente planteadas en términos operativos ni de reducirlas a ejercicios de comunicación simple: Esta intervención también podría haber tomado un camino alterno, más ligado a estrategias artísticas para complejizar el tema. Pero sin una reflexión en torno a cómo se busca que el activismo se relacione con lo social o lo político, estas acciones no se diferencian de justamente de un ejercicio de simple expresión cuya repercusión termina siendo la aprobación o la indiferencia.


Son acciones que parecen meramente ilustrativas de ideas generales de un espectro político de izquierda, y solo por esta razón son rápidamente celebradas. Pero en su realización no hay ni una práctica pedagógica que cuestione las convicciones ideológicas de sectores no afines de la población sobre los temas tratados ni una complejidad que pueda problematizar de alguna manera crítica las ideas tematizadas. Tal vez habría que repensar cuáles son los objetivos que se quieren lograr con intervenciones en el espacio público como las descritas y sobre todo, si la forma que toman realmente contribuye de alguna manera a lograrlos. Y sobre todo, es importante retomar cierto pensamiento crítico que pueda examinar cómo las posiciones políticas condicionan la valoración de estas acciones sin cuestionar realmente cómo están operando.




[1] Un ejemplo claro de este tipo de pensamiento se puede ver en el siguiente artículo, en el cual 4 politólogos evalúan las razones del apoyo al fujimorismo en la campaña del 2011: http://larepublica.pe/11-04-2011/el-asistencialismo-social-fujimorista-la-formula-para-ganar-el-voto-popular


[2] Se puede visualizar el texto y demás fotografías de la acción en el siguiente link: https://www.facebook.com/Rastro-272767019724213/photos/?tab=album&album_id=2 86943381639910


[3] La cita es del texto "Activismo artístico", segundo capítulo del libro Perder la forma humana: Una imagen sísmica de los años ochenta en América Latina de la red Conceptualismos del Sur. Más allá de las discrepancias que pueda tener con la forma expositiva diseñada por Conceptualismos del Sur de esa investigación, es un libro crucial si se quiere aprender sobre cómo es que se han desarrollado este tipo de intervenciones en el pasado y de qué manera fallaron o triunfaron.