Interseccionalidad: una crítica marxista*

Barbara Foley. Traducción: Matheus Calderón Torres.



La interseccionalidad plantea cuestiones de vital importancia para cualquiera, académico o lego, involucrado en asuntos de justicia social y comprometido con la comprensión de los tipos de causalidad que dan lugar a las graves desigualdades que afectan a la sociedad actual. Mis alumnas y alumnos de la Universidad de Rutgers - Newark –especialmente los más sofisticados, que intentan teorizar las formas de entender, resistir y combatir estas desigualdades– se refieren constantemente, si bien de forma algo vaga, a cosas (ya sean movimientos o identidades o simplemente ideas) que "se intersecan". Sin embargo, para evaluar la utilidad de la interseccionalidad como modelo analítico y programa práctico –y, de hecho, para decidir si puede o no decirse que es una "teoría", como insisten algunos de sus propulsores–, tenemos que preguntarnos no sólo qué tipo de preguntas alienta y resuelve, sino también qué tipo de preguntas desalienta y qué tipo de resoluciones excluye.


I


Es procedimiento habitual en los debates sobre la interseccionalidad citar a importantes precursoras –desde Sojourner Truth hasta Anna Julia Cooper, pasando por Alexandra Kollontai, Claudia Jones y el Colectivo del Río Combahee–, pero luego centrarse en el trabajo de la teórica jurídica Kimberlé Crenshaw, quien acuñó y explicó por primera vez el término a finales de la década de 1980. Preocupada por superar la situación de discriminación a la que se enfrentaban las trabajadoras negras en la empresa automotriz General Motors, Crenshaw evidenció la inadecuación de las categorías existentes que denotan el género y la raza como motivos para una demanda, ya que éstas no podían utilizarse simultáneamente en el caso de un individuo determinado: al interponer un recurso legal por discriminación, uno había de ser o mujer o no blanco, pero no ambas cosas a la vez. Crenshaw desarrolló la famosa metáfora de un cruce de dos vías, una que denota la raza y la otra el género, para señalar que los accidentes que ocurren en la intersección no pueden atribuirse a una sola causa: se necesita movimiento a lo largo de los dos ejes para que se produzca un accidente.[1]


Aunque el modelo de Crenshaw describe acertadamente el funcionamiento de lo que Patricia Hill Collins ha denominado una "matriz de opresiones", su bidimensionalidad muestra su limitación a la hora de explicar por qué existe esta matriz en primer lugar.[2] ¿Quién creó estas vías? ¿Por qué ciertas personas transitan por ellas? ¿Sobre qué terreno se construyeron y cuándo? La metáfora espacial, aplanada y aplanadora, excluye tales preguntas y menos aún las responde; el hecho de que las mujeres negras sean trabajadoras que venden su fuerza de trabajo en el mercado capitalista, donde produce plusvalía –es decir, el terreno sobre el que se han construido las vías– se asume como lo normal. Aunque Crenshaw consiguió demostrar que las trabajadoras de la General Motors habían sido objeto de una doble discriminación –sin duda un resultado de considerable valor para las mujeres a las que representaba–, su modelo de análisis y reparación se limitó al plano de la jurisprudencia burguesa. De hecho, como ha señalado irónicamente Delia Aguilar, la clase ni siquiera era una categoría "recurrible" legalmente para las trabajadoras en cuestión (Aguilar, 2015, 209).[3]


Las limitaciones explicativas del modelo de Crenshaw –limitaciones, por cierto, de las que posteriormente ella ha proclamado ser plenamente consciente– no han impedido que otros teóricos sociales antirracistas y feministas añadan la clase social a la matriz y propongan a la interseccionalidad como un paradigma explicativo global, capaz no sólo de describir el funcionamiento de los diversos modos de opresión, sino también de identificar sus causas profundas. Aquí es donde, en mi opinión, termina su utilidad, y se convierte de hecho en una barrera cuando se empieza a plantear otro tipo de preguntas sobre las razones de la desigualdad –esto es, cuando se supera el discurso de los "derechos" y la política institucional, que presupone la existencia de relaciones sociales capitalistas.[4]


II


Género, raza y clase –la "Santísima Trinidad contemporánea", como la llamó una vez Terry Eagleton,[5] o la "Trilogía", en la frase de Martha Giménez– ¿cómo se correlacionan estas categorías y qué tipo de paradigma causal se propone cuando se estipula su interacción?[6] Estoy dispuesta a admitir la objeción planteada por algunos defensores de la interseccionalidad de que estas categorías no deben reducirse a "identidades"; que son, como afirma Ange-Marie Hancock, "categorías analíticas".[7] Pero si género, raza y clase son categorías analíticas, ¿de qué tipo lo son? ¿Son conmensurables o distintas? ¿Pueden situarse sus funciones causales en algún tipo de jerarquía, o son, en virtud de sus operaciones "entrelazadas" y simultáneas, necesariamente equivalentes desde el punto de vista ontológico? ¿Pueden abstraerse unas de otras a efectos de investigación? O, como se pregunta Hester Eisenstein en su contribución a este simposio, ¿hay que hablar de todas ellas a la vez para poder hablar de ellas en absoluto?


Cuando planteo estas preguntas, no estoy afirmando que una trabajadora negra de la industria automovilística sea negra el lunes y el miércoles, mujer el martes y el jueves, proletaria el viernes y, además, musulmana el sábado. (Dejaremos el domingo para otra individualidad de su elección).[8] Sí propongo, empero, que algunos tipos de causas tienen prioridad sobre otros y también que, aunque el género, la raza y la clase pueden considerarse posiciones de sujeto comparables, en realidad requieren enfoques analíticos muy diferentes, como señala Lise Vogel en su contribución a este simposio. Aquí es donde entra en juego la reivindicación marxista de la superioridad explicativa de un análisis de clase y la distinción entre opresión y explotación adquiere una importancia crucial. La opresión, como dice Greg Meyerson, es ciertamente múltiple y se interseca, produciendo experiencias de varios tipos; pero sus causas no son múltiples sino singulares.[9] Es decir, la "raza" no causa el racismo; el género no causa el sexismo. No obstante, las formas en que la "raza" y el género han sido históricamente moldeados por la división del trabajo sí pueden y deben entenderse dentro del marco explicativo proporcionado por el análisis de clase. De lo contrario, como señala Eve Mitchell, las categorías para definir los tipos de identidad que son en sí mismas el producto del trabajo alienado acaban siendo reificadas y, en el proceso, legitimadas.[10] Además, incluso si la interseccionalidad insiste en que varias categorías analíticas coexisten en una persona determinada, o en un grupo demográfico determinado, el hecho de que estas categorías se estipulen originalmente sobre la base de la diferencia significa que, como ha observado Himani Bannerji, siguen colisionando entre sí cuando se busca la causalidad en la "disociación" interactiva (Bannerji, 2015, 116).[11] Y, por lo tanto, una se pregunta si de hecho estas han logrado trascender las limitaciones de la política de identidad.


III


Una crítica eficaz de las limitaciones de la interseccionalidad depende de la formulación de una comprensión más sólida y materialista de la clase social de lo que usualmente suele permitirse: no la clase como posición de sujeto o identidad, sino el análisis de clase como modo de comprensión estructural. En los escritos de Marx, la "clase" aparece de varias maneras. A veces, como en el capítulo sobre "La jornada laboral" en el Volumen I de El Capital, es una categoría empírica, habitada por niños que inhalan el polvo de las fábricas, hombres que pierden los dedos en los telares mecánicos, mujeres que arrastran gabarras y esclavos que recogen algodón bajo el sol abrasador.[12] Todas estas personas están oprimidas y explotadas. Pero la mayoría de las veces, para Marx, la clase es una relación, una relación social de producción; por eso es que puede hablar de la mercancía, con su extraña identidad como conjunción de valor de uso y valor de cambio, como encarnación de antagonismos de clase irreconciliables. Afirmar la prioridad de un análisis de clase no es afirmar que una trabajadora sea más importante que un ama de casa, ni siquiera que la trabajadora piense principalmente en sí misma como trabajadora; de hecho, basándose en su experiencia personal con el abuso conyugal o la brutalidad policial, bien puede pensar en sí misma más como mujer o como persona negra. Sin embargo, lo que se propone es que la forma en que se organiza la actividad humana productiva –y que, en una sociedad basada en la clase, obliga a dividir a la masa de la población en varias categorías para garantizar que los muchos trabajen en beneficio de los pocos–, esta organización basada en la clase constituye la principal cuestión que hay que investigar si queremos entender las raíces de la desigualdad social. Decir esto no es "reducir" el género o la "raza" a la clase como modos de opresión, ni tratar la "raza" o el género como epifenómenos. Es, más bien, insistir en que la distinción entre explotación y opresión permite comprender las raíces materiales de las opresiones de diversos tipos. También es plantear que el "clasismo" es un concepto profundamente defectuoso, ya que (en un extraño giro del "reduccionismo de clase") este término reduce la clase a un conjunto de actitudes prejuiciosas basadas en falsas oposiciones binarias, equivalentes a las ideologías del racismo y el sexismo. Como marxista, digo que necesitamos más antipatía de clase y no menos, ya que las oposiciones binarias que constituyen el antagonismo de clase no tienen sus raíces en la ideología, sino en la realidad.


Para terminar, me sumo a la sugerencia de Victor Wallis de que la interseccionalidad, más que proporcionar un marco analítico para entender la realidad social actual, puede considerarse más útil como un síntoma de los tiempos en los que ha cobrado protagonismo.[13] Estos tiempos –que se remontan a varias décadas atrás– han estado marcados por varios acontecimientos interrelacionados. Uno de ellos es la derrota histórica mundial (aunque a largo plazo sea temporal) de los movimientos para instaurar y consolidar sociedades igualitarias dirigidas por los trabajadores, principalmente en China y la URSS. Otro –apenas independiente del primero– es el asalto neoliberal a la calidad de vida de los trabajadores del mundo, así como a los sindicatos que históricamente han servido de base para una resistencia al capital basada en la clase y con conciencia de clase. El creciente régimen de acumulación flexible,[14] que fragmenta la fuerza de trabajo en gig economies [economías de empleos temporales y precarizados] de diversos tipos, ha acompañado y consolidado este asalto neoliberal. Desde hace algunas décadas, una manifestación política de estas circunstancias económicas alteradas ha sido el surgimiento de "Nuevos Movimientos Sociales" que plantean la necesidad de coaliciones pluralistas en torno a una serie de movimientos de reforma no basados en la clase en vez de la resistencia al capitalismo. En el centro de todos estos acontecimientos ha estado la "retirada frente a la clase", una frase originada por Ellen Meiksins Wood;[15] en los círculos académicos, esto se ha manifestado en los ataques al marxismo como una narrativa maestra de reduccionismo de clase que necesita ser complementada por una serie de metodologías alternativas.


Estos y otros fenómenos relacionados han configurado desde hace tiempo el aire ideológico que respiramos; la interseccionalidad es en muchos sentidos una mediación conceptual de esta matriz económica y política. Aquellos de mis estudiantes que buscan en la interseccionalidad una comprensión de las causas de las desigualdades sociales que se intensifican cada día, aquí y en todo el mundo, harían mucho mejor en buscar análisis y resolución en un marxismo revolucionario antirracista, antisexista e internacionalista, un marxismo que contemple la transformación comunista de la sociedad en un futuro no muy lejano.



Departamento de Inglés

Universidad de Rutgers - Newark

360 ML King Blvd Newark

NJ 07102

bfoley@rutgers.edu

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[*] Publicado originalmente en Intersectionality: A Symposium. SCIENCE & SOCIETY. Vol. 82, No. 2, abril del 2018. Traducción al español por Matheus Calderón Torres para la web de crítica Mañana.


[1] Crenshaw, Kimberlé. Demarginalizing the Intersection of Race and Sex: A Black Feminist Critique of Discrimination Doctrine, Feminist Theory, and Antiracist Practice. University of Chicago Legal Forum, 1989, pp.139–67.

[2] Collins, Patricia Hill. Black Feminist Thought: Knowledge, Consciousness, and the Politics of Empowerment. Nueva York: Routledge, 1990.

[3] Aguilar, Delia. Intersectionality. en Mojab, 2015, p. 209.

[4] En lo que sigue, estoy omitiendo la discusión de los otros vectores de opresión a menudo invocados en las discusiones de la interseccionalidad –la sexualidad, la edad, la discapacidad, etc.– no porque no los vea como parte integral de la "matriz de opresiones", sino porque es la propia relación entre dicha matriz de opresiones y la explotación basada en la clase la que deseo examinar críticamente.

[5] Eagleton, Terry. Against the Grain: Selected Essays 1975–1985. Londres: Verso, 1986, p.82.

[6] Gimenez, Martha. The Condition of Postmodernity: An Enquiry into the Origins of Cultural Change. Cambridge. Massachusetts: Blackwell, 2001. 8:2 p. 22-33.

[7] Hancock, Ange-Marie. Solidarity Politics for Millennials: A Guide to Ending the Oppression Olympics. Nueva York: Palgrave McMillan, 2011, p.51. Dado que, como marxista, soy hipersensible a la falsa afirmación de que el marxismo es determinismo económico, me inclino a conceder a los defensores de la interseccionalidad la cortesía de no acusarlos inmediatamente a todos de reduccionismo culturalista, y en su lugar me tomaré en serio algunas de sus críticas al multiculturalismo y a las políticas de identidad como estáticas y hegemónicas.

[8] Debo a Kathryn Russell una versión de esta formulación bastante ingeniosa. En: Russell, Kathryn. Feminist Dialectics and Marxist Theory. Radical Philosophy Review, 2007, 10:1, pp. 33-54.

[9] Meyerson, Gregory. Rethinking Black Marxism: Reflections on Cedric Robinson and Others. Cultural Logic, 2000, 3:2. clogic.eserver.org/3-182/meyerson.html

[10] Mitchell, Eve. I Am a Woman and a Human: A Marxist Feminist Critique of Intersectionality Theory, 2013. http://gatheringforces.org/2013/09/12/i-am-a-woman-and-a-human-a-marxist-feminist-critique-of-intersectionality-theory

[11] Bannerji, Himani. Ideology, en Mojab, 2015, pp. 163-80.

[12] Marx, Karl, Capital. Vol. I. Traducción: Ben Fowkes. Londres: Penguin, 1990. pp 340-416.

[13] Wallis, Victor. Intersectionality’s Binding Agent: The Political Primacy of Class. New Political Science, 2015, 37:4, 604–619

[14] Harvey, David.The Condition of Postmodernity: An Enquiry into the Origins of Cultural Change. Cambridge, Massachusetts: Blackwell, 1990, pp 141-72

[15] Wood, Ellen Meiksins.The Retreat from Class: A New “True” Socialism. Londres: Verso, 1986.

[Bibliografía adicional utilizada]

Carastathis, Anna. The Concept of Intersectionality in Feminist Theory. Philosophy Compass, 2014. 9:5, 304–314. Mojab, Shahrza. Marxism and Feminism. Londres: ZED Books, 2015.


Smith, Sharon. Black Feminism and Intersectionality. International Socialist

Review, 91. http://isreview.org/issue/91/black-feminism-and-intersectionality